BCN WEEK | Barcelona's Alternative Newsweekly
Vol 1, No 70 | December 11, 2008

Ever the intrepid travellers, even, or perhaps especially, when confined to city limits, the BCN WEEK staff works tirelessly so that you don't have to. Bound together like a fresh set of quintos, we trailblaze in menacing and uncharted territory. No barman is too fierce, no floor too dirty, no metro ride too long to thwart these safariing heroes. Armed only with our whiskey-deadened wits and liquid courage, our investigative teams take to the field and bring you our reports on the urban jungle.



ARCHIVES

Hasta la Victoria Siempre

I Remember Spannabis

Mammuthus Frugalitus

Cycle Polo

Psychobilly Beach

The Free Michelin

Looking for Carmen de Mairena - Part II

Looking for Carmen de Mairena - Part I

The Unwelcome Guests

The Road to Hell is Lined with Bravas

Nomenclaturismo Unplugged/Ghost Houses

Nomenclaturismo Unplugged

Sexy Bingo!

Bars Manolo

Nomenclaturismo Unplugged

No es síntoma de mórbida curiosidad preguntarse con qué derecho fue inmortalizado el personaje que denomina la calle donde uno vive.

by Marc Viaplana

Hasta un niño sabe que una de las primeras ímprobas labores que debe acometer un régimen impuesto por la fuerza es la de actualizar el censo, derribar estatuas improcedentes y rebautizar calles y plazas en todo el territorio nacional. Y seguir actualizando el censo –Stalin mandó ejecutar a una legión de funcionarios rusos que no desempadronaban tan rápido como él fusilaba.

Cuando el nuevo nomenclátor no se redacta con pluma sino con bayoneta, no hace falta preocuparse tanto por la ortografía o el qué dirán, y así fue cómo Franco nos regaló un callejero acribillado de nombres adictos al régimen –a un régimen que ciertamente enflaquecía más que adelgazaba, y que estaba reglado con cartilla de racionamiento–, cuyas páginas fueron aumentando a lo largo de cuarenta años de miseria general, generalísima e intelectual. Por cierto, ésta última, una palabra entonces tan sospechosa como una barba.

El problema vino después, cuando la siguiente horda de demócratas recalcitrantes se las vio y se las deseó para reparar, con gusto y sin molestar a los votantes, la guía urbana de cada ciudad. Por supuesto, hubo más tiempo para ello, ya que primero había que convalidar cargos políticos, derribar leyes fundamentales y pedirles a los grises que hicieran el favor de no traer más a Santiago Carrillo a comisaría y que dejaran de llamarlo “rojomasonhijoputa”, singular modismo franquista que combinaba tres adjetivos en una sola palabra, que más que pronunciarse se exclamaba y se acentuaba con bigote.

En Barcelona, el primer paso fue tan fácil como encargar mármoles nuevos para las arterias principales –la Diagonal, la Gran Vía– que de todas formas nadie nunca llamó del Generalísimo Franco o de José Antonio Primo de Rivera, términos ambos no sólo fachas sino también largos y latosos. Con ellos fueron derribados otros apellidos de militares cargantes, como Mola y Sanjurjo, cuyos nombres habían sido aupados, con arreglo al criterio único de “¡Arriba España! ¡Abajo Moscú!”, en las esquinas de cada ciudad por haber sucumbido ambos en los primeros meses del alzamiento nacional en un revés aéreo: aquellas máquinas sí que mataban fascistas, Woody [Guthrie].

Poco a poco se fueron poniendo las cosas en su sitio, y Barcelona se fue haciendo moderna, olímpica, turística, hotelera, antitaurina y, sobre todo, “cívica”. Extraño vocablo que tanto significa celo por las instituciones e intereses de la patria, como cortesanía, comedimiento, atención y buen modo del ciudadano, y que este nuestro ayuntamiento emplea desaforadamente tanto para medir el comportamiento “incívico” de ciertos okupas que se niegan a desalojar un edificio que ni siquiera figuraba en el catastro, como para explicar una anomalía, con efecto de demora, en el tejido ferroviario: “Debido a un acto incívico…”, empezaba en catalán, of course, una grabación prefabricada que oí recientemente en la línea 5 y que debía aludir a la obra de un desanimado que se había tirado a la vía.

En Barcelona ya nada es bárbaro ni atroz ni gamberro ni salvaje ni sanguinario, exceptuando, quizá, cataclismos naturales o casos de terrorismo o fútbol: un resultado abultado o una cuchillada en el gol sur, por ejemplo. Una de las consecuencias de este empeño municipal en que haya “buen rollito y buen ambiente” es que treinta y tres años y media docena de alcaldes después de la barbarie, las atrocidades y el salvajismo, nuestros regidores y corregidores siguen rebautizando rondas, callejones y pasadizos.

¿Y cuál es exactamente el criterio? Leo en la web de l’Ajuntament que las propuestas de denominación las puede hacer “qualsevol persona, entitat pública o privada, associació... i també, és clar, el propi Ajuntament.” Y que la última palabra la tiene, faltaría más, el alcalde. Y que para ingresar en el callejero es preceptivo ser el titular de un certificado de defunción con un mínimo de cinco años de antigüedad. Un click más allá encuentro quien compone el elenco consistorial que decide qué placa sube y qué placa baja: un diestro en cartografía, varios avezados en arquitectura, un ducho en urbanismo, un par de curtidos en informática, un entendido en onomástica, otro que es competente en deportes, una que sabe de normalización lingüística y otra que “promou la presència de la dona en els noms dels carrers de Barcelona”.

Pero, ¿y la Historia? ¿Cómo puede no haber ni un historiador en la camarilla que orienta al alcalde sobre quién merece o deja de merecer una rambla o un bulevar? Tanto si no encontraron a ninguno como si se les olvidó o no lo consideraron necesario, esta aparente anomalía explicaría, pero no justificaría, una anomalía aún mayor que sólo habrán detectado los más suspicaces entre los muy susceptibles.

No es síntoma de mórbida curiosidad preguntarse con qué derecho fue inmortalizado el personaje que denomina la calle donde uno vive: las escasas placas con apellido subtitulado rara vez incluyen más que dos fechas y un oficio y que era catalán, pero si uno acude a la web consistorial, se llevará una sorpresa, si no una decepción, si no un cabreo.

Porque por ignorancia o mala fe, y en un caso así la estulticia es tan indisculpable como la bellaquería, la breve biografía que acompaña cada nombre sospechoso sugiere la pluma de un oscurantista supino, puesto allí para encubrir, alabear, distorsionar o embellecer las más siniestras hojas de servicios. No esperamos que el alcalde esté de acuerdo con nosotros en que Antonio López –con plaza y estatua al lado del mar– fue pirata, negrero y explotador, y prefiera leer “comerciant, navilier i banquer”, que es catalán cortés para decir más o menos lo mismo. Pero es mucho peor que en la plaza Sant Jaume nos pinten a Baldomero Espartero, carrer del Duc de la Victòria, como “Militar i polític”, que “arribà a ser esmentat com a possible candidat al tron abans que fos elegit Amadeu de Savoia”, y no nos hablen de su mayor proeza, conocida por todos: reventar Barcelona a cañonazos en 1842, con un resultado de 400 casas derribadas.

Veamos otro ejemplo. Dice l’Ajuntament: Nom: Cardenal Cisneros, Carrer del Descripció: Gonzalo Jiménez de Cisneros (Torrelaguna 1436 - Roa 1517). Eclesiàstic i polític castellà. En professar, canvià el nom pel de Francesc.

Los herederos de Gonzalo, luego Francisco, deben estar que trinan: el glorioso historial de su pretérito –más bien imperfecto, veremos– es ninguneado en dos lacónicas líneas que parecen copiadas de un listín telefónico. Y tienen razón. Porque la clerigalla abundaba entonces, y el politiqueo era poco menos que entretenimiento de desocupados, pero Cardenal Cisneros sólo hubo uno, y si hay que resumir su vida y obra en un telegrama no es de recibo quedarse en dos oficios, una denominación de origen y un cambio de nombre. Para eso no valía la pena ser martillo de herejes, tercer inquisidor general de Castilla, ¡nada menos!; convertidor de infieles; desahuciador de irreverentes pertinaces; quemador de literatura blasfema, toda la que oliera a árabe, en Granada, excepto la medicinal, que debía guardar para sus ataques de gota; conquistador de Orán y una porción de gestas más, todas ellas osadas y abyectas, que no caben en este sumario.

Week Alternative Media SL @ 2007 all rights reserved | contact: info@bcnweek.com | Links