BCN WEEK | Barcelona's Alternative Newsweekly
Vol 1, No 82 | January 14, 2012

REVIEWS

De teléfonos móviles


La tos barcelonesa


Calling

De teléfonos móviles

y otras historias

by Sonia Fernández Pan

El caso de Barcelona es único en su especie: es una ciudad donde la gente apenas usa el teléfono móvil. Tras años de exaltación tecnocrática a favor de la aparición mundial de toda una red de telecomunicaciones que en otras superficies del genoma metropolitano han producido un cambio considerable en los intervalos de la geografía humana, y en contra de todas las previsiones lógicas dada la aceptación mundial de todos y cada uno de los apéndices tecnológicos que pretenden situarnos en una realidad expandida, Barcelona es una ciudad donde todavía se yuxtaponen comportamientos olvidados en la historia de un pretérito reciente.

Por las calles de esta ciudad mediterránea donde un día se reclamó que Barcelona dejase de ser BCN y, tras esa breve existencia bidimensional como acrónimo, se volviera a definir a través una palabra oblonga y tridimensional apenas caminan personas que aparentemente viven hablando, discutiendo, gritando solas y con el brazo derecho formando un ángulo agudo la mayor parte del tiempo. Estudios no tan recientes descubrieron que esta postura corporal incrementaba la ansiedad, estado de ánimo casi desconocido en Barcelona y cuya ausencia nada tiene que ver con dicha teoría médica.

Barcelona es una ciudad sui géneris donde para algunos es fácil sentirse cerca de la infancia, cuando los teléfonos móviles pertenecían a la infraestructura de las películas de ciencia-ficción. En muchas otras partes es la naturaleza la que se ha convertido en un paisaje de ciencia-ficción. Estéticas ecológico- urbanas aparte, lo singular del caso radica en los comportamientos humanos: en Barcelona las personas se acuerdan las unas de las otras independientemente de las cláusulas horarias de la tarifa plana; se respeta la puntualidad a la hora de acudir a una cita debido a la imposibilidad de aviso previo a través de un mensaje (in)esperado; se disfruta discutiendo cara a cara y con un café como territorio fronterizo; no existen las rivalidades semióticas derivadas de la diferencia plausible entre tener un iPhone, un Blackberry o un sencillo Nokia; la gente se habla en los medios de transporte público en vez de dirigir toda su atención a una pantalla táctil que poco sabe de caricias; las personas que no se ven en el transcurso de un mes, al encontrarse inesperadamente en alguna plaza o calle, se alegran en vez de recriminarse mutuamente y en silencio el hecho de no haberse puesto en contacto durante todo ese tiempo. Barcelona es también una ciudad en la que la gente no teme perder el tiempo y, casi a diario, sus habitantes intercambian esperas en los portales con el fin de dar una sorpresa a algún ser conocido cuando éste llegue a casa. Es precisamente porque en Barcelona todavía ocurren éstas y otras cosas, por lo que es una de las ciudades más turísticas de Europa.

circunferenciasconangulos.blogspot.com

Coughing

La tos barcelonesa

Sense sorroll, si us plau!

by Manuel de Sousa

La voz robótica resonaba en el teléfono como un vocoder de alguna canción de Kraftwerk o Daft Punk, o como algún personaje galáctico de esas series de dibujos animados producidas por Hanna-Barbera hace algunos años.

Al final de la llamada, tras darse cuenta finalmente de que su interlocutor pensaba que se trataba de una jugarreta ociosa de algún adolescente, el señor Pons aclaró la situación: “Dis-cul-pe, es que es-toy o-pe-ra-do de las cu-er-das vo-ca-les”.

La inquietante molestia auditiva que me supuso escuchar al aquejado consumidor, con su tono de personaje de los Transformers, es quizás el ejemplo más extremo de la agobiante realidad sanitario-foniatra que persiste en la Barcelona de hoy.

La relación de los residentes de la ciudad condal con el tabaco es fatalmente grave. Mientras la Ley Antitabaco favorece insólitamente a los fumadores activos y el ultimátum de Bruselas se extiende hasta el 2012, las consecuencias de dicha relación son nefastas: los decibeles de la tos de muchos de los ciudadanos mayores de cuarenta años son ensordecedores, mientras que la duración durante cada tosida del gargareo de mucosa en las entrañas de los pechos y las gargantas catalanas es alarmante.

En el caso de muchas de las mujeres fumadoras, esas que se chupan el filtro en algún cruce de calle o cotillean en las puertas de las empresas, la tos es lo de menos, ya que la contracción espasmódica de su contraparte masculina es insuperable en términos de ruido. No obstante, llama poderosamente la atención el hecho de que las españolas con una voz dulce y suave son una minoría, especialmente si rondan los treinta años, cuando ya hablan como si tuvieran más de sesenta y su lozanía es historia. Como Ana, una murciana que aunque bonachona y orgullosa de su relación con el fumar, cuenta con una sonrisa y un aliento desafiantes a la odontología moderna.

No sólo es lo desagradable que resulta escuchar ese ruido, producto de décadas de consumo de carajillos de ron o brandy, de cigarrillos, de una cultura modorra de bares de tapas ahumadas donde se tiene que comer respirando humo, de frío, de ansiedad pre y post-franquista, de frustraciones adolescentes, de personalidades débiles, de machismo, de dientes amarillos; sino el daño al futuro que supone la consolidación del Bar Celona como el paraíso europeo del tabaquismo alegre, capital de la concesión cautelosa europea a favor del lado occidental de Turquía: la llamada Unión del Mediterráneo y la meca indiscutible de la emergente industria del turismo de la nicotina.

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