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Working
I’m a bartist
Apuntes sobre el genio
by Manuel de Sousa
El afán desesperado por la trascendencia
individual, esa persecución a veces necia y
poco fructífera que algunos intentan convertir
en éxito, reconcilia al aspirante a prodigio
en una especie de juez en un tribunal
imaginario, comparándose frustradamente
con sus colegas, en pocas palabras, en un
ilusionado envidioso.
Como aquel enorme portero de un rascacielos
de Nueva York, quien en palabras de
Martín Amis, se autodenominaba guionista
e intentaba infructuosamente hacer que un
influyente residente del edificio leyera su
guión de mil páginas.
Del talento y del genio se ha hablado ya
hace unas cuantas luces: Hegel se refería al
“momento natural” de la creación; mientras
que Kant lo definía como “lo incomprensible
que añade lo objetivo a lo consciente”.
En tal sentido, y bajo el manto de la actual
coyuntura económica y social de la ciudad
de Barcelona, punto de encuentro de “talentos”
y “genios” de todo el planeta, ilustramos de
manera honesta, conscientes de la necesidad
de pagar la renta y la cerveza barata del jueves
por la noche, sintetizar la irreversible relación
talento-necesidad en materia laboral, en
resumen, nuestras ocupaciones emergentes:
ESCRITOFESORES DE IDIOMAS: leen mucho y
enseñan alguna lengua, nativa o no y de manera
solemne, mientras intentan acumular
capital literario para escribir una novela.
BARTISTAS PLÁSTICOS: por llegar a casa a las 5
de la mañana luego de servir decenas de
mojitos, no tienen deseo de ordenar sus
ideas en ese caos de óleo, témpera, cartulina,
yeso, pinceles, lienzos y bocetos que decora
sus habitaciones.
MUSICOMERCIALES: entre los ensayos, y las
actualizaciones de sus fotos y de sus canciones
en myspace, descuidan las siete maneras de
conseguir el éxito de la formación recibida y
no llegan al objetivo mínimo, ni tocan, ni
cierran las ventas.
TELEOPERACTORES: una buena dicción y un
vocabulario adecuado pueden ayudar a ganar
la simpatía de un cliente enfadado, mientras
tanto, entre lecturas de guiones y obras de
teatro callejeras, esperan por ese gran papel
que los catapulte a Cannes.
DEPENDISEÑADORAS: seis horas al día, pero
con la exigencia del trabajo forzado de doblar
ropa y lo atorrante de la posible histeria
homosexual de su jefe, absorben la energía
suficiente como para dejar el patrón, la costura,
la posible editorial de modas y la feria
de nuevos diseñadores para otra temporada.
AZAFATÓGRAFO: un tiempo considerable estando
de pie con un traje que queda grande
se puede aprovechar para imaginar la luz
para ese encuadre perfecto, o para soñar en
hacerle unos desnudos a alguna despampanante
compañera de trabajo.
CAMALABARERO: ahorrar para ese viaje por
América del Sur a punta de espectáculos
frente a una fila de coches en algún semáforo
es tan inverosímil como pusilánime.
Talentosos todos como peces con sed.
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