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Illustration: Lilli Langenhein
FUCK MYSPACE
¿Qué carajo hace la escena punk en MySpace?
by Marc Viaplana
Nuestras maneras y nuestra afición a la
historia habrán decidido a los más rápidos
de nuestros lectores a calcularnos contrachapados
a la antigua y a suponernos fósiles
semiextintos del Pleistoceneté tardío, allí
por 1977, período de deshielo de un movimiento
anarquista tundido y apaleado,
que reapareció por decreto y volvió a congelarse
en diferentes facciones que dejaron
bastante que cristalizar. Y es que ya no
eran la megafauna de antaño.
Pues bien; es cierto, ahí estábamos, y algunos
llegamos a correr delante de los grises
(para luego jactarnos, en el patio del colegio,
de las pelotas de goma que habíamos recogido
en el campo de batalla), y algunos
vimos en algún mitin la momia de Federica
Montseny, pero aunque hubiéramos querido
bailar con ella no se dejaba abrazar y
se retiraba temprano, así que ¿qué hacer a
partir de las diez? ¡Punk! éramos unos
críos...
A finales de los 70, Crass y cía. tenían en
España menos influencia que las Juventudes
Libertarias de Burgos, y la ensalada
tardó bastante en desplazar del menú a las
anfetaminas y los barbitúricos. Algo se
ganó, algo se perdió, pero no entraremos a
discutir qués y porqués, que ya basta de
marear la perdiz, aunque concederemos
(aun sin acabar de entenderlo ni celebrarlo)
que si el fenómeno punk (si fenómeno
alguna vez fue) pervive debe de haber alguna
razón.
El punk dispone hoy de más manuales,
manifiestos y biblias que una biblioteca de
ajedrez. Se puede practicar con sotana y
hasta oír en una comisaria, aunque no es
la norma. Igual que en la doctrina de la
idea, hay una teoría para cada clase de
anarquía, y menudean en él las aposiciones
y los adjetivos, pero también quienes prefieren
pasarse sin ellos.
No vamos a polemizar entonces sobre si
el punk es compatible con la medicación
para el Alzheimer o si caducó el mismo día
que Sid Vicious. Comprendemos algunas
cosas —o decimos que lo hacemos— y se
nos escapan otras, pero hay una que no:
¡que en MySpace las páginas punk se cuenten
por millones y las anarco punk las haya a
decenas de miles!
Imposible concebir que alguno de vosotros
(si alguno hay), punks de línea dura y
recta que devoráis burgueses y verdura y
discrepáis de la dopa y del que vota, tenga
relación con tal monstruosidad: lo sabemos,
pero sabemos también que la asociación a
un movimiento o tendencia que predica la
rebelión pero fraterniza con el enemigo no
es de recibo, así que sed buenos, empuñad
las armas, aunque sean ceros y unos, y
afeadle la conducta a vuestros consocios y
conocidos, para que dejen de hacer el
ridículo.
Alguien (más estupefacto que nosotros)
nos ha hecho el trabajo, y ahí va nuestro
compendio, traducido libremente, de argumentos
e insultos contra MySpace. Quien
quiera el documento completo y no se
arredre ante el inglés, sólo tiene que buscar
“the ABCs of Fuck MySpace” en la red.
MySpace pertenece a News Corporation,
un conglomerado de doscientas empresas
relacionadas con los medios de comunicación:
43 periódicos, 34 revistas, 29 estudios
de cine o televisión y 72 canales de TV y varias
editoriales. El dueño de todo eso es
Rupert Murdoch, acérrimo patrocinador
del Partido Republicano. La compañía se
embolsa cerca de veinticinco mil millones
de dólares al año. Fox News, una de las empresas,
tuvo mucho que ver con el fraude
electoral del 2000, cuando fue la primera
en anunciar una muy dudosa victoria de Bush
y logró crear una tendencia de opinión que
fue decisiva para que... en lugar de un demonio
tuviéramos a otro [esta es nuestra].
MySpace ha amalgamado en un solo canal
corporativo la mayoría de webs de grupos,
homogeneizando así la imagen de internet
y justificándose con la pobre excusa de
una mayor comodidad.
No le faltan anunciantes y aumenta las
tarifas basándose en la popularidad de su
web.
Es hora de cortar con esto. ¿Qué carajo
hace la escena punk en MySpace?
Es que es tan fácil…
También lo es Wal-Mart [una especie de
Corte Inglés multinacional, que explota a
casi dos millones de trabajadores y cuenta
con miles de tiendas] y a nadie se le ocurriría
incluir tal marca en la carátula de un CD
punkarra.
Por otro lado, la web es una mierda: las
páginas se hacen interminables y el diseño
es infinitamente más pobre que el 99% de
cualquier cosa que haya en la red. Por no
decir que si soltáis una palabra más alta
que la otra (lo que antes eran insultos al
clero o tuteo a la autoridad) seréis reñidos
o expulsados, y si no molestáis ni al carca
de Murdoch es que los Crass tenían más
razón que Dios y el punk murió en noviembre
de 1978.
Las giras punk existían antes de MySpace,
y si Black Flag pudo pasarse sin eso para
dar conciertos por todo el país, tampoco te
hace falta a ti. ¿O es que no tienes teléfono
ni e-mail? ¿Qué banda existe sólo en My-
Space, sin ninguna otra forma de contacto?
¿Quién anuncia sus conciertos exclusivamente
en MySpace? ¿Qué grupo organiza
sus giras solamente a través de MySpace?
¿Y qué pasó con el “Házlo Tú Mismo”? El
punk se parió a base de fotocopias y de circuitos
alternativos (que además funcionaron
tan bien que fueron plagiados por el enemigo),
así que no nos vengáis con que la
comodidad es razón suficiente para aliarse
con tipejos como Murdoch, a quien alimentáis
con el solo hecho de aparecer en su
web.
Más difusión no significa mejor difusión,
sino generalmente lo contrario, a menos
que aspiréis a ser conocidos por fans de
Michael Jackson que ya no saben qué comprar
o por renegados del country & western
con distorsión.
Pensad en todo esto la próxima vez que
actuéis ante cincuenta personas y un pollo
(número y composición del público en el
concierto de los Damned en el festival de
Mont de Marsan), antes de anunciar: “Si
habéis pasado un buen rato y queréis saber
más del grupo, visitadnos en MySpace”. O
sed honestos y añadid: “Rupert Murdoch
estará encantado de hacer negocio con
vosotros”.
La Diagonal del siglo XXI
by Manuel de Sousa
La solución horizontal de Cerdà
y la incertidumbre vertical
Hace tiempo ya que mi voluntad para la
participación en comicios y consultas populares
ocupa un empolvado rincón de mi
curiosidad. No es que desconfíe combativamente
de la transparencia de dichos procesos,
ni que sea un anarco-comunista de escuela
de antropología; la indiferencia política,
aunque crea abstención, es relajante.
La democracia ateniense quedó lo suficientemente
atrás para remontarse a los
griegos y martillar intelectos con ideas de democracia
aristotélica, me remito a los hechos:
un mediodía de verano, tiempo de sobra y
una grácil muchacha en patines que se
aproxima con vehemencia, con la intención
de entrevistarme y hacerme, finalmente,
participar en un ambicioso mecanismo
consultivo.
Algunas semanas antes había prestado
mi firma, tras la petición esta vez, no de
una, sino de dos muchachas, para intentar
introducir un proyecto de ley electoral en el
parlamento de Cataluña.
Las acciones de calle, producto de iniciativas
oficiales y no gubernamentales,
condimentan la cotidianidad con sus pertinentes
causas; en otras oportunidades,
empalagan la rutina con ideales infructuosos.
Con elocuencia y simpatía, la patinadora
me explicó el motivo por el cual no andaba
a pie y trabajaba sobre ruedas: un proceso
participativo sobre el devenir de la avenida
Diagonal, el cual, como toda iniciativa institucional,
debe tener un trasfondo político,
por tanto, detrás de todo eso, hay dinero y
escepticismo en juego.
Con prestancia y curiosidad de habitante
empadronado de esta ciudad, respondí a
las preguntas, sin entrar en detalles, emitiendo
opiniones inmediatas, lejanas a la
quejumbrosa y socarrona amargura de
muchos de los registrados en el padrón municipal
barcelonés.
La Diagonal, esa espléndida avenida que
con sus once kilómetros de largo atraviesa
gran parte de la ciudad, contribuye enormemente
a la personalidad de Barcelona y del
mismo modo funciona como una imprescindible
solución para su cada vez más
complicada y caótica realidad vehicular y
peatonal. Fue oportunamente menester,
más por la alegría de ser tomado en cuenta
para el futuro de mi ruta ciclística favorita
que por lo que puedan hacerle, ejercer mi
derecho legítimo de ciudadano.
Un circunloquio consultivo:
evitar el tránsito privado
Las opciones del cuestionario son de naturaleza
urbanística, claro está. No obstante
llama particularmente la atención la recurrencia
de algunos tópicos, una retórica cuidadosamente
planteada en forma de preguntas
de selección simple y una oportuna
pregunta abierta al final, un plausible alivio
para quienes deseamos sugerir algún otro
aspecto para el inminente rejuvenecimiento
de la transitada avenida.
Con los niveles de tráfico y circulación
de la Diagonal, resulta un poco impensable
el hecho de que se pueda utilizar como un
lugar de “paseo y punto de encuentro para
vecinos”. Sin embargo, resulta útil para hacer
ejercicio y pasear perros, actividades harto
individualistas para devenir en posibilidades
de cuchicheo vecinal entre habitantes de
los edificios adyacentes.
Hablar de desplazamiento del Transporte
Metropolitano de Barcelona, significa suponer
alternativas a los autobuses que surcan
el pavimento. He aquí el comienzo del incipiente
trasfondo: la ampliación sistemática
de la línea de tranvía mediante obras de
rompimiento de la acera del medio, un tedioso
trámite, aunque en términos de disminución
de ruido y progreso ambiental el
resultado, en apariencia, no suena mal.
Un delicado y económicamente apetitoso
asunto es el comercial. Sabemos que las
angostas aceras están en contradicción con
el lujo de algunas tiendas colindantes, firmas
acostumbradas a ostentosas calles peatonales
o anchos paseos. Por ende, el “Empuje
del Comercio” debería conducir al inevitable
ensanchamiento de las aceras, para dinamizar
el paso de potenciales compradores y
consumidores.
Para alivio de los susceptibles, de los verdes,
las iniciativas oficiales en materia ambiental
son generosas y justas. Considerar la “dotación
de espacios verdes” es imponderablemente
pertinente, aun cuando ya en las
cuatro hileras de árboles hasta se escuchan
aves cantando a media mañana, todo un
privilegio auditivo ante el dominio hegemónico
modernista de la tríada concreto-cristal-
acero.
A la luz de todo esto, y con el ideal y subyacente
objetivo de inducir a la reducción
del “tránsito privado” a través del tramado
proceso de consulta, el Ayuntamiento se
sirve de un amigable e inclusivo mecanismo,
bien sea transparente o no, que logra redimir
la gestión y engrosar la agenda gubernamental
con un proyecto basado en propuestas
de quienes mejor nos servimos del
encanto urbano de la funcional disección
de la capital catalana.
Rambla o Boulevard: hacia
un posible Paseo Diagonal
En conjunto, no se puede saber a ciencia cierta
qué se trae la administración “Hereuista”
entre manos. Poder dar fe a nuestras ideas y
voluntariosamente comunicarlas a la comisión
técnica encargada del misterioso proyecto
es una empresa democrática ante
todo.
Detenerse en posiciones de activismo
adolescente es divertido para intelectos
precoces, todos aquellos donantes que servilmente
nos hemos prestado a cuan ávida
transfusión de ideas, merecemos la ofrecida
respuesta postal en los meses venideros.
La separación de espacios, el apartado
del carril de bicicletas o la mejora de las
redes de autobuses apuntan a un solo propósito:
la reducción de la circulación de
vehículos privados. En tal sentido, los conductores
no están exentos de opinar y caldear
el debate final.
Las habilitación de zonas de descanso y
de áreas infantiles compiten con la idea de
reducir la distancia entre las aceras. A veces
se hace interminable el trayecto a través de
los cincuenta metros que separan un costado
de otro. Las limitaciones de espacio representan
todo un cúmulo de variantes para la
ya conformada comisión evaluadora, quienes
cumplirán con el pecaminoso deber de
brindarnos las soluciones finales, para desdicha
y felicidad de unos y otros.
Es evidentemente incierto saber si terminaremos
caminando por las aceras centrales
de una Rambla Diagonal o si canalizaremos
la rutina pedaleando entre los
árboles de un Boulevard Diagonal. Si a pesar
de nuestra voluntad, nos imponen las
opciones intrínsecamente preestablecidas,
es decir, ampliar las aceras laterales, potenciar
la Diagonal como nuevo eje comercial,
introducir el tranvía y mantener el carril de
bus; no habremos donado nada, rescataremos
del fraudulento proyecto la bonita
sonrisa de aquella chica patinadora, para
terminar esquivando el rebaño turístico
empujado desde el Paseo de Gracia al nuevo
y remozado Passeig Cerdà, la Diagonal de
tothom.
La moda de los
referéndums
by Juan Salido-Vico
Hace poco menos de un año, los habitantes
de Sant Adrià de Besòs fueron convocados en
referéndum para decidir el futuro de las famosas
Tres Chimeneas que desde la década
de los 70 monopolizan buena parte de la
pequeña franja de litoral correspondiente a
esta localidad barcelonesa. Un 82,2% de los
participantes votó a favor de su conservación,
ratificando la opinión de aquellas asociaciones
que defendían su valor patrimonial
y oponiéndose a las preferencias de Endesa,
su actual propietaria, partidaria en todo momento
de la piqueta. La consulta fue promovida
por el propio alcalde de Sant Adrià,
activo defensor del mantenimiento de la infraestructura.
Los resultados, según el equipo
municipal, fueron del todo satisfactorios, a
pesar de que sólo participó un 9,1% de la
población con derecho a voto. Entre los usos
futuros de la vieja fábrica, se habló de una
posible reconversión en equipamiento cultural,
en el marco de la prevista remodelación
urbanística que afectará a la fachada
marítima.
Poco se ha sabido desde entonces, acaso
porque hasta el año próximo, fecha de cese
de las actividades de la planta, ninguna acción
podrá ponerse en marcha. En las últimas
semanas, sin embargo, más de uno habrá
recordado el proyecto a propósito de la aparición
de procesos similares, como el relativo a
la futura reconversión de la Diagonal. Al igual
que en la consulta adrianense, el resultado
de esta nueva votación será por completo
vinculante, una decisión política que en ambos
casos nada tiene que ver con imperativos
legales, ya que sólo el gobierno central puede
convocar referéndums en un sentido estricto.
A simple vista, la diferencia más significativa
estriba en que, en el caso de las obras que
afectarán a la gran arteria de Barcelona, los
votantes, cualquier persona mayor de 16
años empadronada en la ciudad, se limitarán
a elegir entre dos proyectos preseleccionados.
Según sus responsables, el referéndum
sobre la reforma de la Diagonal será considerado
como una suerte de ensayo para futuras
y probables consultas de similar naturaleza.
En vista de la posible avalancha que se nos
viene encima, cabe preguntarse, sin embargo,
la motivación última que las promueve.
¿Corresponden realmente a una preocupación
por la participación cívica, por la reactivación
de una actividad democrática adormecida?
¿No deberían ponerse siempre este
tipo de decisiones técnicas en manos de expertos,
seleccionados por los representantes
políticos que la ciudadanía ya eligió en su
momento? ¿Son en realidad consultas populares
o consultas populistas?
En casos como el de las chimeneas de
Endesa, por encima de todo debería primar el
criterio de los peritos en patrimonio cultural.
En el supuesto de que se certificase el valor
patrimonial del bien en cuestión, la consulta
popular me parece irrelevante. No, en cambio,
si existen dudas sobre dicho valor, pues entran
entonces en juego consideraciones más resbaladizas,
como el valor emocional o la posible
condición emblemática del objeto a debate.
En casos como el que afecta a la Diagonal, por
el contrario, la participación ciudadana se me
antoja menos justificable. Si uno de los dos
proyectos preseleccionados es, aun en muy
pequeña medida, más adecuado que el otro,
¿para qué marear la perdiz? Y en el improbable
caso de que la excelencia de los dos haga imposible
tomar la decisión con criterios objetivos,
no se estará dejando a la ciudadanía más
que la responsabilidad de lanzar la moneda al
aire y recogerla.
Lo más incomprensible, sin embargo, es
que algunos de los políticos que promueven
esta especie de democracia directa naif pongan
luego el grito en el cielo en casos como el
del referéndum sobre la independencia de
Catalunya desarrollado semanas atrás en
Arenys de Munt. El cual, y pese a sus tintes
algo folklóricos, nunca perdió de vista, subrayémoslo,
su carácter no vinculante. Parece
que existe entonces una lista de temas consultables
y otra de temas intocables, una
pauta hipócrita que deja en manos de la ciudadanía
la migaja, la anécdota, mientras que
le niega el derecho a opinar, siquiera, insistimos,
de forma simbólica, sobre aquello que
de verdad le importa (al menos eso parecen
indicar las nada ambiguas cifras de participación),
o sobre aquello que, simplemente,
le dé la gana.
Building in
Quicksand?
by Neill Higgins
It’s the summer of 2008. Seguridad y Movilidad
of the Ajuntament make public their
decision to tighten up festival closure times
at the Fòrum to 2:30h mid-week and 3:30h at
weekends. Usage of the site once again appears
to shift its focus towards new spheres of activity.
The Fòrum’s precise role within the community
wasn’t, perhaps, the Ajuntament’s
greatest concern at the time of its conception.
Its very creation could be explained as a
smokescreen for a more considered motivation
to set off property (and other) development
in the area, a domino effect, of sorts, in
the construction of luxury blocks of flats,
hotels, and leisure space, and conversely,
the dismantling and cleaning up of one of
the most dangerous areas of Barcelona: La
Mina. A comparison could be drawn with
the Millenium Dome in London, constructed
in a formerly disused dockland area, and
whose utility, after the clock hit 2000, was
overlooked and neglected, and, subsequently,
a subject of controversy in the British press.
So, let’s jump in the proverbial Delorean
and head back to 2004. The Fòrum is constructed
amidst a cacophony of protest over
its cost to the public purse, the total of which
was many a Euro, but at no point was the
opinion of the user, the civil participant,
assessed. The launch event proceeds to lose
money, to the point where tickets are given
away, at further detriment to the image of
the project/site. Unclear about where to go
next in terms of civil participation or usage
of the area, the explosion of music festivals
appears to provide the Ajuntament with an
immediate solution. Primavera Sound
sweeps in first, in 2005, followed by Summercase,
BAM and other cultural-musical
events. Yet, to the present day, public dissent
over the existence and use of the Fòrum continues.
Rather ambiguous but continued complaints
from residents of the area of Sant
Martí are one component of the debate. It’s
unclear whether the principal molestia is
sound levels emanating from the festival
site, or the noise coming from the crowded
bars stationed at the foot of Rambla Prim, or
the so-called botellones and agrupaciones de
jovenes that ensue following festival closures.
The festival-goers and planners, on the other
hand, now have to contend with the new
closing hours after several years of being encouraged
to attend Fòrum events en masse,
and late into the night. The outlandish prices
of many of these events have always been
balanced by their size, length, and the quality
of the acts you could see. The economic
benefits (to the city) of thousands of festival
visitors has, until now, encouraged the Ajuntament
to spoil us: the majority of European
urban music festivals have much more strict
and earlier closing times than festivals such
as Primavera Sound and BAM. But suddenly
the city seems bent on a fly-by-the-seat-ofits-
pants approach to changes in festival
hours, without a clear indication of whether
there will be a corresponding reduction in
prices for using the space (and therefore for
tickets).
In response to Seguridad y Movilidad’s
announcement in 2008, Albert Guijarro,
Director of Primavera Sound Festival, announced
that potential new festival sites
would be researched for the 2010 edition.
Closure time was limited to 5:00h at Primavera
Sound 2009, and considerable efforts were
made to orientate stages so as to reduce
“sound leakage” to nearby residential blocks
and hotels. But quejas de los vecinos continued
to shower like shit from a shovel despite the
best efforts of festival producers to contain
the sound within the Fòrum site.
Where things will go from here is an open
question, but these issues underline the importance
of citizen input when defining the
identity and use of big city developments.
New construction and area overhauls need
to bring more than just short-term economic
benefits to a wealthy few. Would things be
different had nearby residents and other
potential users of the site been consulted
from the outset? Would we be better off, as a
whole, if the Fòrum didn’t exist at all, or if it
were located away from residential areas?
These are questions the public was never
asked.
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