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 Las otras crisis del cobrador del frac
Triologia del moroso: Justicia, apariencia, picaresca
by Jordi Corominas i Julián
La señora Lola pasaba por mi casa del pueblo
después de comer. Era la hora de la película
de Fred Astaire y Ginger Rogers. La anciana
vertía comentarios de admiración por
el baile del artista americano, pero lo que
más le entusiasmaba era el frac, vestidura de
hombre, que por delante llega hasta la cintura
y por detrás tiene dos faldones más o menos
anchos y largos. Símbolo de elegancia
británica, decadente atuendo de un pasado
lujoso, reapareció en mi vida hará un par de
años. Iba a comprar el periódico y vi a un individuo
vestido como para ir al Casino de
Montecarlo. Deduje que su objetivo no eran
las mesas de juego por su maleta, donde pocas
pero concretas letras blancas indicaban
su oficio: el cobrador del frac.
El encuentro marcó un antes y después
en mi imaginación. Caprichosa, decidió
crear una historia donde quien escribe perseguía
al hombre disfrazado, quien a su vez
acechaba al moroso. Cine cómico. La realidad
es otra. Bien distinta. Lo comprobé
cuando llamé al teléfono de la sorprendente
empresa. No puedes seguir a ninguno de
nuestros trabajadores uniformados. Eso es
imposible. Mi gozo en un pozo. Aún así quería
saber y solucionar un enigma de carácter
nacional. He viajado por el mundo y nunca
vi ningún invento parecido en otros países.
Spain is different?
El cobrador del frac existe desde 1980 y
presume de ejemplaridad y origen. Según
indica su página web, su más ilustre antecesor
fue Miguel de Cervantes Saavedra, autor
del mítico Don Quijote, primera novela moderna.
El manco de Lepanto trabajó durante
siete años en la Hacienda Real a la caza de
morosos. Sus herederos suelen usar métodos
sutiles, y sólo siguen a sus “víctimas” en
casos extremos, cuando se han agotado todas
las vías legales; el manual de procedimiento
de la empresa indica que el empleado
destinado a seguir al deudor tiene que
basar su cometido en el diálogo sin coaccionar,
ofender o faltar. En Barcelona, su presencia
dentro de la empresa es más bien escasa.
Quien en una mañana vea a más de un
cobrador, algo ya muy extraño de por si, o
tiene mucha suerte o es un mentiroso de
primera categoría. Sólo 4 personas de sexo
masculino pasean con sombrero de copa y
la famosa divisa. Los demás trabajadores se
dedican a labores de gestión y tratan deudas
que van desde unos modestos mil euros
hasta cantidades astronómicas. Sus clientes
son personas convencidas del pago por parte
del moroso. No se persigue a pobres ingenuos,
sino a pícaros que quieren eludir
acuerdos contraídos. Typical Spanish.
Sí, ya lo sabéis. Hay crisis. Y se ve que lo
peor está por llegar. Desde febrero de 2008
la actividad del cobrador del frac ha aumentado
en un 40%. Falta dinero, pero la actividad
de nuestros protagonistas refleja otras
crisis nacionales, señas de identidad preocupantes,
indicadores cotidianos de defectos,
argucias y miedos seculares. Tres preguntas
resuelven la crítica ecuación.
La primera de ellas, ¿por qué se contrata
al cobrador del frac?, habla de uno de los
más graves problemas de nuestra sociedad.
La lentitud de la justicia española. Muchos
clientes prefieren la eficiencia del cobrador
para evitar tener que esperar años a cobrar
lo que es suyo. Como la Sociedad es legal, no
hay nada que impida su acción, y gana su
estipendio mediante comisiones. Todo es
más rápido sin tener que pasar por la pesadilla
de abogados y pleitos, ni enmarañarse
en la imprevisible diosa ciega, que en nuestro
país hasta se va de huelga para dificultar
más si cabe sus esperadas decisiones.
La segunda cuestión remite al éxito que
tienen los cobradores en su misión. Uno de
los motivos estribaría en su preparación.
Son licenciados universitarios con conocimientos
en derecho y saben lo que vale un
peine, que en este caso es el puro y duro vil
metal. Gestores y uniformados resuelven
los conflictos en el 70% de los casos. El porcentaje
aumenta cuando el frac aparca su
coche y llama a la puerta de particulares. El
qué dirán vence al miedo a quedarse sin
blanca. España es un país de porteras. Quizá
por tener un pasado tan católico y confesarnos
en exceso, decidimos que hablar de
los demás es muy divertido. Nos pasamos el
día cotilleando y mantenemos estampas
ibéricas como los toreros y las folklóricas
para ampliar nuestro radio de se dice, se oye,
se comenta hasta fenémenos identificables
por la mayoría. José Tomás y la Pantoja; Julián
Muñoz y Carmen De Mairena. En la sociedad
de antes de la globalización, el marujeo
era una cuestión de vecindario y bar,
charanga y pandereta de calle. Si Enriqueta
tenía un amante, todo el inmueble se enteraba
en menos que canta un gallo. Lo mismo
ocurre cuando llega el cobrador del frac.
No es normal que un señor vestido como
si fuera a una fiesta de lujo se presente en el
barrio y pique a un timbre conocido. Los rumores
crecen y el pánico social se adueña
del individuo. ¿Y si Hermenegilda ha visto al
tipo ese? ¿Qué le digo? Se estila mantener la
apariencia y salvar la deshonra, algo bien
estúpido si pensamos que a lo largo del último
decenio gran parte de la abundancia nacional
se cimentó en el crédito, con lo que
muchos podrían estar en el lugar de quien
sufre la visita del señor con chistera, el mago
enemigo del moroso. Los pequeños aquí
hay tomate del día a día son mucho más graves
que los televisivos. Personas de carne y
hueso optan por abandonar su terquedad
monetaria con tal de no ser pasto de la charlatanería
ajena.
Por otra parte existe el respeto al uniforme.
Al ser un pueblo sumiso que en pocas
ocasiones ha impuesto su voluntad, sentimos
temor reverencial por aquellos que visten
diferente. Nos pasa como a los católicos
cuando ven al nuevo Papa salir por el balcón
del Vaticano. No importa que sea un
viejo disfrazado con colores chillones y un
gorro demencial. Aplauden porque aceptan
la gran farsa de la realidad, al igual que lo
hace el ciudadano con un semejante vestido
de negro que para sus amenazantes pasos
en la alfombrilla, preludio de la puerta y
la notificación. Códigos. Autoridad.
Quienes también reciben la visita del frac
son las empresas, blanco perfecto para una
tercera pregunta que culmina nuestra particular
trilogía de crisis celtibéricas relacionadas
con nuestro objeto de investigación.
¿Qué métodos usan los que no pagan para
eludir su condena? La picaresca es la clave.
Muchos negocios intentan evitar el pago sin
variar un ápice su esquema habitual de
comportamiento: arriesgar con burdas gestiones
que juegan al despiste y en ocasiones
llegan a buen puerto. Tal comportamiento
es un clásico en el mundo del capitalismo
“refundado”. La argucia aplicaría nuestro dicho
de más vale maña que fuerza, pero no
conviene pasarse de la ralla. Una gran anécdota
demuestra como aún no se han desvanecido
los tiempos del Lazarillo de Tormes.
El cobrador del frac tiene una sección de
grandes operadores. Se encargan de casos
en los que la cantidad adeudada supera los
cien mil Euros. En una ocasión un cliente
andaluz reclamó intervenir por una cantidad
muy superior. Al cabo de pocas semanas
la empresa supo del fallecimiento del
moroso. Se respetó un mes de duelo antes
de volver a la carga. La familia tenía que hacerse
cargo del débito. Llegó la feria de abril.
Mientras el cliente tomaba unos finos se
topó con el muerto. Estaba bien vivo disfrutando
de los placeres sevillanos. Baile. Alcohol.
Fue condenado por falsificación de documento
estatal.
España es un país donde todo es posible,
como en Granada. Don Quijote en la Meseta
vio guerreros donde había molinos y el cobrador
del frac sabe que poderoso caballero
es don dinero. Si un anónimo recibes no te
de llanto ni pena, llamas al número cien y tiras
de la cadena. El frac no lo es. Cuando dinero
habla, todos escuchan. ¡Haz que reine
el silencio! No puedo, soy republicano.
Amén.
 BUT I WANTED THE BARBIE DREAM HOUSE!
Amidst all the brouhaha over the economic troubles of the day,
we saw fit to remind ourselves that this isn’t our grandmothers’
crisis. We’re not going to be fighting each other for firewood
or meat; our children aren’t going to have to start working fulltime
to help support the family. You might even benefit from the
crisis, provided you’re in the right line of work. At the very least,
see this as an opportunity to engage in all the mildly revolutionary
boycotting activities you ignored while you were lolling
in your materialistic Valhalla. But before you choose sides, see
below the real winners and losers of the Crisis Show.
WINNERS - MILEURISTAS (THE POOR)
We’ve got nothing to lose. Literally. We have no stocks and
very few bonds (Grannie gave us a $100 bond when we were
12. In 7 years’ time it’ll mature and then we’ll cash it in for
(hopefully) 42€). Our money doesn’t fluctuate cause we don’t
have enough, and the money we do have we smartly invest
in stable commodities such as beer.
LOSERS - FIRST-TIME HOMEBUYERS (THE THOUGHT-THEY-WEREN'T-POOR-ANYMORE)
In all seriousness, those who thought they were following the
correct progression into adulthood by buying a piso are the
ones who are really fucked. Poor bastards. The solution? Invite
some mileuristas to stay in your nice, clean extra bedroom.
They’ll help you meet those mortgage payments. Or,
the other option: Run.
WINNERS - DOGS
For those who have gazed into the pathetic eyes of a canine
as they prepare to walk out their doors in the morning, here’s
a chance to assuage the tremendous guilt you’ve been living
with. Instead of worrying that your life is over now that you’ve
lost your job, think about how happy all this quality time at
home will make man’s best friend.
LOSERS - OLD MEN
While those who own construction companies will surely
find some other way to sobrevivir, what can we say to their
audiences? All the old men who have been whiling away their
days on the benches across from the latest superhotel en
construcción...just what are they supposed to do now? Can
they really go back to dómino and vermut?
WINNERS - THE CHURCH
Throughout history, tough times have been the moments for
the church to shine. They’ll take anyone, and the more pathetic,
the better. If you’re not into church, you can connect
with your spirituality by fasting. Doing it long and hard
enough causes the hallucinations you can choose to confuse
with deliverance.
LOSERS - THE AUTO INDUSTRY
Though this crisis is no joke for those who work in the auto
industry, sorry: cars are shit anyway and they should disappear
if we want to continue having an ozone layer and/or
stop fighting over oil fields. Of course, these losers could
quickly become massive “winners”, what with the €48 billion
aid package that seems headed their way.
WINNERS - DON SIMON AND GENERIC ASPIRIN
When spending money goes down, some will still benefit
from our nights in. If you can’t stand playing Trivial Pursuit
one more time, a box–o-wine really takes the edge off, and
the generic aspirin rounds out the cocktail of choice for those
who want a cheap and hangover-free night of entertainment.
A full box/bottle combo is too much, unless things have gotten
really bad.
LOSERS - MOVIE THEATRES
And here you thought that Hollywood would always win. Oh
yeah? How much you want to charge me now? Go ahead. I
laugh at your 10€ tickets and 4€ soda, because I’m going to
start downloading everything from the Internet. And if I’m
dumb and/or terribly behind and still do visit your theatre,
I’ll be sneaking in my own candy!! And possibly bringing a
video camera.
WINNERS? LOSERS? - EL SEXO
This is a tough one to categorize, and really requires more
sociological research. On the one hand, sex is a popular pastime
among those with no money to do anything social. It
also helps take your mind off your troubles. Just ask your average
stockbroker, one of a population that has long enjoyed
the pleasures of the escort service. Still, sex-for-sale is an expense
that could be considered a luxury, so it might lose out.
And for those of us who aren’t buying our nights in the sack,
condoms aren’t cheap. We suggest, however, that you not cut
prophylactic corners; you could end up in a much larger pile
of shit.
WINNERS - CASH CONVERTERS
Anything that can be sold, shall be sold, and at increasingly
desperate prices. Supply and demand, amigo. They win because...
well...we all know why. You win because you finally have
a reason to get that old air conditioner out of your hallway.
LOSERS - TRASH CAN SCROUNGERS
For all the people who used to find acceptable and even cool
stuff in the trash, forget about it. Everyone is going to stop
dumping his Louis XIV bureaus in favor of new IKEA tables.
Also, if they do have things, they’ll be selling them, not leaving
them out for your broke ass.
WINNERS - YOUR OLD CLOTHES
This is when you learn to become a fashion maven, mixing
and matching your shit from the ‘80s, and discover that Zara
and Mango just make you look like the twat standing next to
you.
LOSERS - COMPANIES THAT PRODUCE FEMININE HYGIENE PRODUCTS
For anyone who’s ever been awed by the tampon commercials,
the awe ends here. We can’t afford 7€ pastel plastic applicators
anymore; we’re going back on the rag. Literally.
WINNERS - THE LOTTERY
The Idiot Tax never fails. Insane hope goes up as real wages
go down. You think anyone’s not going to buy his décimo?
Not fucking likely. Come on Gordo! Come on Gordo!
LOSERS - THE STOCKMARKET
The big lottery has fallen to the little lottery. Not so convenient
for people to buy 5€ worth of stock as it is to buy scratchoff
stupidity, now is it? Also, not nearly as much fun.
WINNERS - SCHWARMA
And McDonalds, and bocadillos, and basically anything else
your mother used to buy for you when she was tired of making
gourmet meals and seeing you screw up your face like a
spoiled princess. The good news is that a lot of us never
stopped eating this food because we realized, upon entering
adulthood, that we actually had more purchasing power with
our allowances as 10-year-olds than we did with the salaries
from our first jobs.
LOSERS - NUTRITION
Of course, for the people that have made a hobby out of cooking
with organic (read: expensive) products, it’s back down
the evolutionary ladder for you. The crisis has put into clear
focus that Veritas and friends are actually a friggin’ rip off! For
the rest of us, it means a lot more couscous and a lot less fresh
basil. It’s cool, though. We’ve already proven ourselves capable
of living on nothing but ramen for months at a time.
Last year’s crisis, this year’s BEDEX
by Juan Felipe Gil Ramírez
El 25 de septiembre de 2008, el secretario de
Estado de Seguridad, Antonio Camacho,
pregonó la creación de la Brigada de Expulsiones
de Delincuentes Extranjeros (BEDEX),
dependiente de la Comisaría General
de Extranjería y Fronteras, que se encargaría,
a partir de este otoño, de repatriar a sus
países de origen a aquellos malhechores forasteros
reincidentes y especialmente violentos.
Desde este anuncio, por fortuna, no
han habido más noticias sobre este cuerpo
policial.
Con extrañeza, creí entender en una reunión
llena de humo y risas que me sugerían
escribir sobre el mencionado BEDEX; y
ya sabemos que no se trata de un medicamento,
ni de una cura mágica, ni tampoco
del nombre de una figura económica, sino
que es un tipo particular de policía para los
inmigrantes y una medida que reforzaría el
racismo, para nada superado.
Si la invención de semejante piara sucediera
en la Comunitat Autònoma de Catalunya,
lo cual no sería extraño ni imposible
dada la actual estructura de la autonomía
de las regiones, estaríamos enfrente de una
barbaridad digna de Silvio, el italiano “diestro”
hasta la aberración, ya que ésta es una
comunidad socialista por tradición y no
por convencimiento. Si ocurriera en España,
tal como la idea fue originalmente pensada,
sería más bien una “chavada” de
Hugo, el burdo venezolano, es decir, un
desvarío del socialismo.
Empiezo a cuestionarme y a responderme
sobre las consecuencias que acarrearía
el establecimiento de una tropa así. Como
inmigrante y en el todavía hipotético caso
de que BEDEX llegue a existir, quiero saber
en manos de quién estaría nuestra seguridad,
o ¿habría que decir vigilancia? Quiero
conocer el modelo de los Mossos
d’Esquadra, policía de Catalunya que reemplaza
en gran parte a la Guardia Civil, y
de la Guàrdia Urbana, policía municipal de
Barcelona.
Navegando para buscar información sobre
los primeros, veo que, en un tiroteo cerca
de la Torre Agbar, asesinaron a un ciudadano
alemán que pagaba sus compras de
un fajo de 55.000€ en billetes de 5€, quizás
contados al lado de su aun tibio cadáver. El
hombre portaba un arma, echó a correr y
aparentemente la intentó sacar. Lo cierto es
que alguien disparó, alguien murió, un disparo
hizo blanco en un taxi y otro en una
motocicleta. No quiero imaginar dos tiros
al aire antes de que me pregunten de qué
país de Latinoamérica provengo.
Voy igualmente a la página de la Guàrdia
Urbana y veo que el Ayuntamiento de Barcelona
los presenta ante el público con una
imagen corporativa casi de Boy Scouts;
también con pistola, porra, botas rígidas y
potentes y rápidos vehículos. Además, aparecen
como las personas encargadas de garantizar
“el cumplimiento de las ordenanzas
y los reglamentos, para ayudar a tener
una ciudad más cívica en la que se cumplan
las exigencias administrativas...”. De
lo leído, se desprende su calidad de meros
recaudadores de impuestos encubiertos,
llamémosles multas.
Ante este panorama imaginario tan adverso,
lo que me resta por hacer, en primer
lugar, es preocuparme por la creación de
un elenco de hombres armados que pondrán
un énfasis insólito en los inmigrantes,
es decir, que estarán pendientes de todo
aquel que no se vea como ellos o que hable
con otro acento o que no diga hostia, joder
o tío. Pero, de manera más precisa, intuyo
que prestarán una atención excepcional a
los latinoamericanos, africanos, árabes,
hindúes o ingleses borrachines que vienen
a ver al Barça, por ser todos, tal vez, asombrosamente
violentos. En segundo lugar,
imaginar mi propia vida como el motivo
para la concepción de una fuerza pública
específica, lo cual no deja de ser algo surrealista.
¿Quién pensaría que sólo vine a
estudiar y ahora, por mi condición y procedencia,
también tendré mi propia policía?
Existen grupos policiales específicos
para la lucha contra el tráfico de drogas y
personas, el contrabando, el terrorismo,
etc., todas ellas actividades ilícitas. Según
esta asociación libre y perversa de ideas, ¿si
soy inmigrante, también soy un proscrito?
Bienvenido al Crisis Cultural
by Neill Higgins
It’s early September 2008, and the panorama
cultural barcelonés trembles with the urgent
sound of disenchanted voices. Talk of scandal
grinds and sparks in the cultural rumour
mill. Ferran Barenblit is “replaced” as curator
of the Centre d’Art Santa Mònica. Disbelief
rumbles from the murky, cultural margins as
the administración pública of the centre reveals
a “change in direction”, and swings the
democratic finger to appoint Vincenç Altaió
as head honcho. Sin previo concurso público,
I might add. Whoop whoop! Vamos bien,
muy bien. Did the days of willy-nilly shuffling
of political positions and players not end with
the demise of Franco? U-hum.
Not only did the Consellería de Cultura’s
policy blindly ignore the needs of grassroots
cultural creativity in the city, it didn’t
even flirt with the idea of maquillandose.
Ignoring the protocol stipulating the need
for a concurso público in the appointment
of a position in the administración pública,
and dissenting voices from the art and cultural
community, the Centre d’Art Santa
Mònica sheds its contemporary art skin to
become a Centro de Cultura, Pensamiento
y Comunicación.
Quite frankly, the reasons behind this
bewildering change are unclear. Though almost
certainly, the fuel for change is economic,
not cultural. Perhaps a reactionary
decision to what the administración see as
a disappointing turnout in the centre? Perhaps
an attempt to capture more public by
generalising / diluting the cultural “programme”
of the centre? CASM is, after all, at
the end of Las Ramblas – so got to cater to
the tourists, right?
Most alarming, however, is not the paradigm
shift in the focus of CASM, but, rather,
the flagrant disregard showed towards professional
voices from the city’s social and
cultural sector. Se podría decir that the case
of CASM is symbolic of a continuing endemic
and institutionalised policy of considering
the city’s artistic, cultural and creative
stakeholders as mere receivers of the overarching
cultural decisions made higher up.
Instead, these stakeholders should be the
creators of this political-cultural panorama.
Still, each negative action produces an
equal and positive reaction. Dissident sparks
following events at CASM prendió fuego in
early September in the form of an organized
social-cultural collective called Cultura de
Base. Shortened to CdB, the collective’s
emergence was primarily motivated by anger
and outrage over changes at CASM, but,
in reality, the group has wider aims. Working
from the cultural margins, CdB aim to offer
spaces, virtual and physical, in which questions
of cultural politics (and the transparency
of public institutions) can be debated.
In an all-encompassing sense, it has the objective
of addressing the gaping disconnect
between social-cultural agents and professionals,
and the public institutions of this
city. While it’s encouraging to have a counter-
discourse developing against that of the
public institutions, it remains to be seen to
what extent cultural activism that bases itself
in blogs, wikis and small meetings can
challenge the cultural hegemony.
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