BCN WEEK | Barcelona's Alternative Newsweekly
Vol 1, No 83 | February 11, 2010

COLUMNS

Boomtown Cogs
Raúl Muniente Sariñena




Onda Sonora
Neill Higgins




Voice Over
Simon Friel




Se Fue al Otro Barrio
Jordi Corominas i Julián




7 Segundos
Christian Schallert




Fem Pais
Núria Ferrer & Jordi Corominas i Julián




La Fatxa
Isolda Dosrius Déulafeu




La Cuina Guarra
Tiffany Carter




Chispa Ibérica
Judith Alarcón Bardera




Artist Testing
El Staff




Arroz Negro
El Públic




La Plaça de Sant Jaume
Judit Ortiz Cardona




Afrodisio Aguado
Don Jeremy




Made in Barna
Vera Ciria

LESSON 10

De perdidos, al río

by Judith Alarcón Bardera

Después del secuestro de mi columna del mes pasado a manos de un grupo de nacionalistes catalans armados con calçots y salsa romescu, retomo el mando de la nave sin síndrome de Estocolmo. Confieso que he reflexionado sobre los argumentos que esgrimieron mis secuestradores y razón no les falta: que si la columna perdió su razón de ser como guía didáctica de catalán/ spanish para guiris, que si sólo narro mis aventurillas mundanas. Hasta aquí de acuerdo. Después de explicar mis aventurillas londinenses, tenía que contar a diestro y siniestro mis interioridades. Pero, ¿acaso es un pecado? ¡En internet todos lo hacen! Incluso he visto avisos de suicidio en Facebook:

Entiendo que me criticaran la frivolidad, pero no puedo evitarlo, me tira la lentejuela. Y me tocó la mandanga que me tildaran de ensopida. En-so-pi-da. Lo busqué en el diccionario, por si era una estrategia del rollo constipat-constipated. Bueno, al grano, lo que descubrí:

Ensopit: Que no s’adona bé de les sensacions ni de les idees.

Ah no, per aquí no hi passo!! ¡Que no me doy cuenta de las sensaciones y de las ideas! ¿Os parece que estoy alelada? ¿Fue mi padre el verdadero cerebro tras la trama del “secuestro a la columnista”? Tengo mis sospechas.

O sea que queréis sensaciones e ideas. Pues de lo primero tengo, y bastantes. No me hago ideas macro del mundo que me rodea: lo siento a flor de piel. Por ejemplo, cuando el Bicing me dejó tirada por SEGUNDA vez en quince días, me limité a sentirlo. No pienso que esto le ocurra a todo el mundo. Ni en la xarxa de transports, ni en el alcalde, ni en els ciutadans, ni blablabla. Con todos mis respetos. No pienso en el mundo cuando estoy jodida. Cuando estoy al borde del ataque, sólo pienso en mí. Así que cogí el teléfono y llamé al Servei Bicing para saber porqué me hacían eso, porqué esa noche, porqué otra vez a mí. Y me atendió un amable chico Bicing, llamémosle Palomo.

Servei Bicing: Bona nit, l’atén Palomo.

Judith Alarcón: Hola, mira, fa més de mitja hora que dono voltes com una imbècil i no trobo una estació per deixar la bici perquè totes estan fora de servei i jo me’n vull anar a casa, m’entens, no? –Esto medio llorando de rabia, medio intentando hacerme la digna.

S.B.: Digui’m a quina estació és ara.

J.A.: A la 3XX.

S.B.: Sí, aquesta no té connexió. Hem tingut problemes en aquesta zona últimament.

J.A.: Sí, si la setmana passada em va passar el mateix i crec que em vas atendre tu. –Flipando sola.– Ets un tiu molt amable. – Cogiendo confianzas con un teleoperador.– Però després d’un dia de merda vull arribar a casa i ficar-me al llit i em trobo que no puc deixar la puta bicicleta, que estic per deixar-la aquí mateix, m’entens, no? –Intentando, de forma muy estúpida, conseguir su empatía.

S.B.: L’entenc perfectament, senyora Judith, crec que el departament d’incidències ja ha enviat un equip per resoldre aquest tema el més aviat possible –Qué me va a decir, el pobre, si lo están grabando.

J.A.: Però ara què faig amb la bici? Digue’m on cony l’he d’anar a aparcar.

S.B.: Miri, hi ha 4 anclatges disponibles a l’estació de Rosselló amb Urgell.

J.A.: Què? No vull anar fins a Rosselló amb Urgell ara! Joder, que estic al costat de casa meva! O sigui que al final hauré d’agafar el metro per tornar a casa. –Poniéndome tremenda, como si andar una parada de metro fuera peor que cruzar el Atlántico en balsa.

S.B.: Bé, a veure, hi ha un altra estació amb 3 anclatges lliures a París amb avinguda Josep Tarradelles.

J.A.: Pfff –Dándome por vencida.– I si quan arribo ja m’han pres els anclatges, què? – Pobre teleoperador.

S.B.: Vostè tranquil·la, que segur que no. –¿Y qué me va a decir? ¿Por mí como si te mueres, foca patética? Le están grabando.

J.A.: D’acord. Això s’enregistra, oi?

S.B.: Sí, senyora Judith.

J.A.: Com et deies?

S.B.: Sóc el Palomo.

J.A.: Vale, Palomo, només volia dir que ets un tiu de puta mare i que fas molt bé la teva feina, pero n’estic del Bicing fins els pebrots.

S.B.: D’acord, senyora Judith, estudiarem els seus suggeriments, no es preocupi. – ¿Sugerencias? Qué cachondo el Palomo.

Ahora viene cuando estos datos cobran un sentido: ayer miré mi cuenta del banco, fea costumbre de principios de mes, y veo dos cargos de Bicing por el importe de 1,50 euros y 0,50 euros. Me asaltaron las sensaciones: el mal rato y las ganas de llegar a casa, las llamadas en espera y las caminatas. Esas estupideces que te tocan los cojones por ser tan absurdas. Y encima, la absurdidad tiene un precio. Un precio cutre, ínfimo, pero que no me da la gana pagarlo, oiga. Y las ideas, las ideas ponedlas vosotros. Yo, de momento, pongo una reclamación, que como dice mi amiga Gemma: “Si todos reclamáramos y pusiéramos quejas, este país sería mejor”. Pues allá que voy, a poner mi granito de arena para colaborar en la mejora del país. Que ya estoy hasta el mondingo de tener que pagar por ser usuaria de Barcelona®.

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