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LESSON 10
De perdidos, al río
by Judith Alarcón Bardera |
Después del secuestro de mi columna del
mes pasado a manos de un grupo de nacionalistes
catalans armados con calçots y salsa
romescu, retomo el mando de la nave sin
síndrome de Estocolmo. Confieso que he
reflexionado sobre los argumentos que
esgrimieron mis secuestradores y razón no
les falta: que si la columna perdió su razón
de ser como guía didáctica de catalán/
spanish para guiris, que si sólo narro mis
aventurillas mundanas. Hasta aquí de
acuerdo. Después de explicar mis aventurillas
londinenses, tenía que contar a diestro y
siniestro mis interioridades. Pero, ¿acaso es
un pecado? ¡En internet todos lo hacen! Incluso
he visto avisos de suicidio en Facebook:
Entiendo que me criticaran la frivolidad,
pero no puedo evitarlo, me tira la lentejuela.
Y me tocó la mandanga que me tildaran de
ensopida. En-so-pi-da. Lo busqué en el diccionario,
por si era una estrategia del rollo
constipat-constipated. Bueno, al grano, lo
que descubrí:
Ensopit: Que no s’adona bé de les
sensacions ni de les idees.
Ah no, per aquí no hi passo!! ¡Que no me
doy cuenta de las sensaciones y de las ideas!
¿Os parece que estoy alelada? ¿Fue mi padre
el verdadero cerebro tras la trama del “secuestro
a la columnista”? Tengo mis sospechas.
O sea que queréis sensaciones e ideas.
Pues de lo primero tengo, y bastantes. No
me hago ideas macro del mundo que me
rodea: lo siento a flor de piel. Por ejemplo,
cuando el Bicing me dejó tirada por SEGUNDA
vez en quince días, me limité a sentirlo. No
pienso que esto le ocurra a todo el mundo.
Ni en la xarxa de transports, ni en el alcalde,
ni en els ciutadans, ni blablabla. Con todos
mis respetos. No pienso en el mundo
cuando estoy jodida. Cuando estoy al borde
del ataque, sólo pienso en mí. Así que cogí
el teléfono y llamé al Servei Bicing para
saber porqué me hacían eso, porqué esa
noche, porqué otra vez a mí. Y me atendió
un amable chico Bicing, llamémosle Palomo.
Servei Bicing: Bona nit, l’atén Palomo.
Judith Alarcón: Hola, mira, fa més de mitja
hora que dono voltes com una imbècil i no
trobo una estació per deixar la bici perquè
totes estan fora de servei i jo me’n vull anar
a casa, m’entens, no? –Esto medio llorando
de rabia, medio intentando hacerme la digna.
S.B.: Digui’m a quina estació és ara.
J.A.: A la 3XX.
S.B.: Sí, aquesta no té connexió. Hem tingut
problemes en aquesta zona últimament.
J.A.: Sí, si la setmana passada em va passar
el mateix i crec que em vas atendre tu. –Flipando
sola.– Ets un tiu molt amable. –
Cogiendo confianzas con un teleoperador.–
Però després d’un dia de merda vull arribar
a casa i ficar-me al llit i em trobo que no puc
deixar la puta bicicleta, que estic per deixar-la
aquí mateix, m’entens, no? –Intentando, de
forma muy estúpida, conseguir su empatía.
S.B.: L’entenc perfectament, senyora Judith,
crec que el departament d’incidències ja ha
enviat un equip per resoldre aquest tema el
més aviat possible –Qué me va a decir, el
pobre, si lo están grabando.
J.A.: Però ara què faig amb la bici? Digue’m
on cony l’he d’anar a aparcar.
S.B.: Miri, hi ha 4 anclatges disponibles a
l’estació de Rosselló amb Urgell.
J.A.: Què? No vull anar fins a Rosselló amb
Urgell ara! Joder, que estic al costat de casa
meva! O sigui que al final hauré d’agafar el
metro per tornar a casa. –Poniéndome
tremenda, como si andar una parada de
metro fuera peor que cruzar el Atlántico en
balsa.
S.B.: Bé, a veure, hi ha un altra estació amb
3 anclatges lliures a París amb avinguda
Josep Tarradelles.
J.A.: Pfff –Dándome por vencida.– I si quan
arribo ja m’han pres els anclatges, què? –
Pobre teleoperador.
S.B.: Vostè tranquil·la, que segur que no. –¿Y
qué me va a decir? ¿Por mí como si te mueres,
foca patética? Le están grabando.
J.A.: D’acord. Això s’enregistra, oi?
S.B.: Sí, senyora Judith.
J.A.: Com et deies?
S.B.: Sóc el Palomo.
J.A.: Vale, Palomo, només volia dir que ets
un tiu de puta mare i que fas molt bé la teva
feina, pero n’estic del Bicing fins els pebrots.
S.B.: D’acord, senyora Judith, estudiarem
els seus suggeriments, no es preocupi. –
¿Sugerencias? Qué cachondo el Palomo.
Ahora viene cuando estos datos cobran
un sentido: ayer miré mi cuenta del banco,
fea costumbre de principios de mes, y veo
dos cargos de Bicing por el importe de 1,50
euros y 0,50 euros. Me asaltaron las sensaciones:
el mal rato y las ganas de llegar a
casa, las llamadas en espera y las caminatas.
Esas estupideces que te tocan los cojones
por ser tan absurdas. Y encima, la absurdidad
tiene un precio. Un precio cutre, ínfimo,
pero que no me da la gana pagarlo, oiga. Y
las ideas, las ideas ponedlas vosotros. Yo, de
momento, pongo una reclamación, que
como dice mi amiga Gemma: “Si todos
reclamáramos y pusiéramos quejas, este
país sería mejor”. Pues allá que voy, a poner
mi granito de arena para colaborar en la
mejora del país. Que ya estoy hasta el mondingo
de tener que pagar por ser usuaria de
Barcelona®.
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