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LESSON 6: Allá donde fueres, haz lo que vieres (III)
by Judith Alarcón Bardera |
Hello dear guiris, catalanets, ibericonyos
and toda la basca! Esta es la última parte
de mi trilogía londinense, pues me vuelvo
a las Barnatierras antes de que me pille el
frío inglés; quizás no sea más ni menos temible
que el frío de cualquier otra parte,
pero prefiero combatir los resfriados con
moscatel caliente que con painkillers de
supermercado.
Bueno, en los capítulos anteriores hice
un pequeño compendio de consejillos
para los ibéricos que os fuerais a aventurar
por Londres o alrededores en plan guiri.
Así que, como ya sabéis dónde caeros
muertos, cómo mover el culo de un lado a
otro y qué se puede más o menos comer,
esta chispa la voy a dedicar a nuestro pasatiempo
favorito...
Ladies and gentlemen, con todos ustedes:
¡salir de marcha!
Más que un pasatiempo en sí, para muchos
es un way of life e incluso la única razón
para salir de la cama día tras día, o sea
que es justo dedicar el cierre de esta trilogía
a una actividad tan popular a una y
otra orilla del Canal de La Mancha.
Hasta un repetidor de tercero de la E.S.O.
sabe que en Inglaterra la gente va a los pub
a emborracharse. El pub inglés es un bar
Manolo donde Manolo, el jefe, nada más
verte entrar, ya te pone tu quinto con unos
boquerones al lado. Solo que en lugar de
bar Manolo es cualquier otro nombre rancio
que tenga que ver con la nobleza, como
por ejemplo “La Corona y la Cabra” o “La
Cabeza de Fulanito de Tal”, y en lugar de
Manolo está otro menda de cuarenta y
tantos que es inglés porque ha nacido en
Inglaterra, y las obviedades van y vienen
sin parar, como en el bar Manolo mismamente.
En lugar de boquerones te pondrán
frutos secos y patatas chips, y en lugar
de quintos de ponen pints, pronúnciese
“paints”. Bien mirado, para qué pedir un
quinto si lo que quieres es emborracharte.
Como todos los ingleses que se apelotonan
ahí para beber cada día después del
trabajo, más bien de pie que sentados, la
cuestión es estar en el pub blandiendo la
pint como un símbolo del triunfo sobre la
jornada laboral.
En el pub empieza todo. La costumbre
inglesa en cuanto a los horarios de salir de
fiesta es un poco incómoda al principio
para nosotros los nativos ibéricos, pero
todo es adaptarse. En Spain a las 12 de la
noche aún nos estamos dando los últimos
retoques de colorete en el baño de casa,
pero aquí eso sería... simplemente inviable.
A las 2 ó las 3 como muy tarde te cierran
las discotecas, o sea que hay que estar
en pie de guerra a las 7 de la tarde como
mucho. Por eso el pub es donde empieza
todo: abierto desde las 12 del mediodía,
con precios mucho más affordable que
cualquier bar de moda en Shoreditch.
Lo de beber alcohol por la calle, se dice,
se comenta que está penado por la ley.
Nunca me he encontrado en tal lance, y
me he alcoholizado con soltura por esquinas,
plazas y avenidas, pero quien avisa
no es traidor. Comprándote un par de latas
en los Off License (que los hay a puñados)
te ahorras el desembolse de libras
dentro de los garitos, que siempre tendrán
precios menos asequibles que los entrañables
pubs. Lo ridículo es pagar 8 libras
por un cubata en el que sólo hay dos dedos
de bebida espirituosa, puesto que la ley (y
esto lo he leído con mis propias dioptrías)
no permite más.
He tratado de realizar un pequeño y
útil resumen de posibles situaciones problemáticas
que se pueden dar fácilmente
en el landscape de la noche. Porque problemas,
si no los hay, nos los buscamos; ya
nos conocemos, amigo.
Con los porteros de discoteca la batalla
está perdida de antemano, especialmente
con esos negros gigantescos que parecen
estatuas de ébano y jamás van a mirarte a
los ojos. Si te dicen que no, es que no. Inténtalo
en otra parte.
Con cualquier otro menda (menos el
que cobra la entrada, que está demasiado
cerca de los porteros) del tipo camareros,
recoge vasos o las nenas del guardarropa,
la táctica de subir el tono de voz ‒que no
gritar‒ durante una disputa garantiza una
solución rápida de cualquier problema.
Rápidamente se acercará el mánager y resolverá
a favor del customer (o sea vosotros)
por los siglos de los siglos. Amén.
Si sois simpáticos y folclóricos con los
ingleses, ellos van a compensar su frialdad
invitándoos a copas como nunca hubierais
imaginado. Creo que como pueden
pagar con tarjeta en todas partes llega
un momento en el que pierden la noción
de lo que realmente están haciendo. Eso sí,
no os pongáis cansinos, porque podéis encontraros
con aquellos otros ingleses, las
amywinehouses y los petedoherties que
van tan pasados y tienen tantas ganas de
pelea que no les costará nada engancharse
por cualquier tontería. Y aquí nadie
mueve un dedo por nadie, aunque salten
los dientes de lo lindo.
Mi último consejo: al final de la noche,
no cometáis el error de pagar por entrar a
un estúpido after. Ahí solo encontraréis
guiris como vosotros acostumbrados a
terminar los dancings a las tantas de la
mañana, y cero fauna local. Mejor que dirijáis
vuestros pasos a Leicester Square ‒si
os queda cerca‒, os metéis en el Casino y
hacéis ver que jugáis un par de fichas: las
bebidas son gratis para los jugadores.
Unas risas en un entorno decadente, ¿no
era lo mismo que ibais a encontrar en el
after?
Hasta la próxima, my friends!
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