BCN WEEK | Barcelona's Alternative Newsweekly
Vol 1, No 78 | September 10, 2009

Boomtown Cogs
Raúl Muniente Sariñena


La Cruz Verde
Anna Gurney


Voice Over
Simon Friel


Matar en Barcelona
Jordi Corominas i Julián


7 Segundos
Christian Schallert


Fem Pais
Núria Ferrer & Jordi Corominas i Julián


La Fatxa
Isolda Dosrius Déulafeu


La Cuina Guarra
Tiffany Carter


Chispa Ibérica
Judith Alarcón Bardera


Artist Testing
El Staff


Arroz Negro
El Públic


La Plaça de Sant Jaume
Judit Ortiz Cardona

LESSON 6: Allá donde fueres, haz lo que vieres (III)

by Judith Alarcón Bardera

Hello dear guiris, catalanets, ibericonyos and toda la basca! Esta es la última parte de mi trilogía londinense, pues me vuelvo a las Barnatierras antes de que me pille el frío inglés; quizás no sea más ni menos temible que el frío de cualquier otra parte, pero prefiero combatir los resfriados con moscatel caliente que con painkillers de supermercado.

Bueno, en los capítulos anteriores hice un pequeño compendio de consejillos para los ibéricos que os fuerais a aventurar por Londres o alrededores en plan guiri. Así que, como ya sabéis dónde caeros muertos, cómo mover el culo de un lado a otro y qué se puede más o menos comer, esta chispa la voy a dedicar a nuestro pasatiempo favorito...

Ladies and gentlemen, con todos ustedes: ¡salir de marcha!

Más que un pasatiempo en sí, para muchos es un way of life e incluso la única razón para salir de la cama día tras día, o sea que es justo dedicar el cierre de esta trilogía a una actividad tan popular a una y otra orilla del Canal de La Mancha.

Hasta un repetidor de tercero de la E.S.O. sabe que en Inglaterra la gente va a los pub a emborracharse. El pub inglés es un bar Manolo donde Manolo, el jefe, nada más verte entrar, ya te pone tu quinto con unos boquerones al lado. Solo que en lugar de bar Manolo es cualquier otro nombre rancio que tenga que ver con la nobleza, como por ejemplo “La Corona y la Cabra” o “La Cabeza de Fulanito de Tal”, y en lugar de Manolo está otro menda de cuarenta y tantos que es inglés porque ha nacido en Inglaterra, y las obviedades van y vienen sin parar, como en el bar Manolo mismamente. En lugar de boquerones te pondrán frutos secos y patatas chips, y en lugar de quintos de ponen pints, pronúnciese “paints”. Bien mirado, para qué pedir un quinto si lo que quieres es emborracharte. Como todos los ingleses que se apelotonan ahí para beber cada día después del trabajo, más bien de pie que sentados, la cuestión es estar en el pub blandiendo la pint como un símbolo del triunfo sobre la jornada laboral.

En el pub empieza todo. La costumbre inglesa en cuanto a los horarios de salir de fiesta es un poco incómoda al principio para nosotros los nativos ibéricos, pero todo es adaptarse. En Spain a las 12 de la noche aún nos estamos dando los últimos retoques de colorete en el baño de casa, pero aquí eso sería... simplemente inviable. A las 2 ó las 3 como muy tarde te cierran las discotecas, o sea que hay que estar en pie de guerra a las 7 de la tarde como mucho. Por eso el pub es donde empieza todo: abierto desde las 12 del mediodía, con precios mucho más affordable que cualquier bar de moda en Shoreditch.

Lo de beber alcohol por la calle, se dice, se comenta que está penado por la ley. Nunca me he encontrado en tal lance, y me he alcoholizado con soltura por esquinas, plazas y avenidas, pero quien avisa no es traidor. Comprándote un par de latas en los Off License (que los hay a puñados) te ahorras el desembolse de libras dentro de los garitos, que siempre tendrán precios menos asequibles que los entrañables pubs. Lo ridículo es pagar 8 libras por un cubata en el que sólo hay dos dedos de bebida espirituosa, puesto que la ley (y esto lo he leído con mis propias dioptrías) no permite más.

He tratado de realizar un pequeño y útil resumen de posibles situaciones problemáticas que se pueden dar fácilmente en el landscape de la noche. Porque problemas, si no los hay, nos los buscamos; ya nos conocemos, amigo.

Con los porteros de discoteca la batalla está perdida de antemano, especialmente con esos negros gigantescos que parecen estatuas de ébano y jamás van a mirarte a los ojos. Si te dicen que no, es que no. Inténtalo en otra parte.

Con cualquier otro menda (menos el que cobra la entrada, que está demasiado cerca de los porteros) del tipo camareros, recoge vasos o las nenas del guardarropa, la táctica de subir el tono de voz ‒que no gritar‒ durante una disputa garantiza una solución rápida de cualquier problema. Rápidamente se acercará el mánager y resolverá a favor del customer (o sea vosotros) por los siglos de los siglos. Amén.

Si sois simpáticos y folclóricos con los ingleses, ellos van a compensar su frialdad invitándoos a copas como nunca hubierais imaginado. Creo que como pueden pagar con tarjeta en todas partes llega un momento en el que pierden la noción de lo que realmente están haciendo. Eso sí, no os pongáis cansinos, porque podéis encontraros con aquellos otros ingleses, las amywinehouses y los petedoherties que van tan pasados y tienen tantas ganas de pelea que no les costará nada engancharse por cualquier tontería. Y aquí nadie mueve un dedo por nadie, aunque salten los dientes de lo lindo.

Mi último consejo: al final de la noche, no cometáis el error de pagar por entrar a un estúpido after. Ahí solo encontraréis guiris como vosotros acostumbrados a terminar los dancings a las tantas de la mañana, y cero fauna local. Mejor que dirijáis vuestros pasos a Leicester Square ‒si os queda cerca‒, os metéis en el Casino y hacéis ver que jugáis un par de fichas: las bebidas son gratis para los jugadores. Unas risas en un entorno decadente, ¿no era lo mismo que ibais a encontrar en el after?

Hasta la próxima, my friends!

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