BCN WEEK | Barcelona's Alternative Newsweekly
Vol 1, No 84 | March 11, 2010

Reunit virtualment el comitè d’Arroz Negro, format per Sergi Bellver, Albert Lladó i Jordi Corominas i Julián, ha decidit proclamar guanyadores ex-aequo la María Zaragoza Hidalgo i la Rebeca Yanke pels relats “Una bota de postre” i “Vivo en el barrio chino”.

BCN Week busca:

Cuentos, novelitas, poesía, y otras obras escritos creativas para nuestra nueva sección, Arroz Negro.
Arroz Negro vol ser una secció literària de qualitat. Per això et recomanem que no t'obsessionis amb la quantitat i ens enviïs un sol text per edició, el que consideris millor, el que t'enamori i faci que mirar-te cada matí al mirall ja no tingui sentit. Enamora'ns, però amb un text, si és bo, ja n'arribaran d'altres. Please submit your writing to edit@bcnweek.com

COLUMNS

Boomtown Cogs
Raúl Muniente Sariñena




Onda Sonora
Neill Higgins




Voice Over
Simon Friel




Se Fue al Otro Barrio
Jordi Corominas i Julián




7 Segundos
Christian Schallert




Fem Pais
Núria Ferrer & Jordi Corominas i Julián




La Fatxa
Isolda Dosrius Déulafeu




La Cuina Guarra
Tiffany Carter




Chispa Ibérica
Judith Alarcón Bardera




Artist Testing
El Staff




Arroz Negro
El Públic




La Plaça de Sant Jaume
Judit Ortiz Cardona




Afrodisio Aguado
Don Jeremy




Made in Barna
Vera Ciria

Arroz Negro

Una bota de postre

by María Zaragoza

No existen categorías que encuadren la huída con mesura, que puedan definir este correr hacia delante, este alejarse de las amenazas que nosotros mismos hemos conseguido crear sin siquiera hablar el mismo idioma, olvidando que abandoné a mi marido en la luna de miel por quedarme contigo, ese hombre que se encorva y habla de quemar coches y alzar el fuego por encima de los edificios de papel que hemos construido los hombres para fugarnos de nuestra ansiedad y nuestra locura tan ambigua como egocéntrica y hermosa. No te conocía de nada. No hablo francés, sólo te interpreto. No me importa nada si me hablas de ver una película juntos y yo pienso que me estás hablando del tiempo y, sin embargo, me llevas de la mano al cine a ver À bout de souffle y creo que me estás ofreciendo una bota incendiaria de postre, como todo lo incendias y no me importa. Pero al final de la escapada de esa película todo queda en una mueca grotesca, el amor se desborda hasta no existir y tú sonreías pero yo no comprendí nada porque no hablo tu idioma, o quizá sí, quizá lo entendí mejor que tú precisamente porque no lo hablo. Y es por eso que no me gustó lo que esa bota incendiada tenía que contarme.

De camino a tu casa, cuando yo ya había olvidado que quizá me casé hace dos meses con un hombre que ya no recuerdo, prendes fuego a los coches que encontramos y orinas sobre la puerta del Víctor Hugo. Te ríes como una bestia salvaje y yo encuentro que lo único que faltaría para que fuese perfecto es que encontrase la destrucción tan hermosa como tú la encuentras, porque yo no lo hago. Me atrae, no puedo evitarlo, estoy condenada a que me atraiga esta forma tan tuya de hacer arder los castillos de naipes del ser humano, de pintar en sus paredes y escupir a los policías que pasean tan tranquilos por la orilla del Sena, tú, tan absurdo y perfecto gracias a la aleatoriedad de tus actos vandálicos que no distinguen entre clases sociales ni se inclinan ante ningún intocable, lanzando un hermoso lapo dorado desde le pont neuf y yo me descubro corriendo para que no nos metan en el calabozo y estropeen esta huída perfecta y absurda que tan sólo ha dado comienzo. Nos detenemos casi sin respiración, estás hermoso y colorado por la prisa. Quizá es que ha empezado a llover pero a mí me parece que tienes la boca llena de agua y es por eso que me apetece guiñar los ojos y pensar en la música de Boris Vian que bailaba en Madrid antes de saber que acabaría en este portal, escondida de la policía francesa, así que pregunto sin más qué significa Je bois como si tú me pudieras entender, como si hablases mi idioma, bueno que puede que mi idioma lo hables pero no es el español, por supuesto, sino el otro, y dices baise moi y, como no, yo pienso que me estás pidiendo un beso cuando lo que quieres es otra cosa que pronto descubro con los ojos abiertos como pájaros. Definitivamente tienes la boca llena de agua, pero es la mía, que se desborda para apagar los fuegos que has ido encendiendo por París, tu hogar, ese lugar donde soy una desplazada, una turista en tus brazos, una fugitiva que te sigue a donde quieras ir a morir haciendo caras burlonas para convertir en un chiste mi existencia completa y lo absurdo de que abandonase todo para unirme a un pirómano con el que no me entiendo ni en su lengua ni en la mía. Pero no importa, estoy corriendo calle abajo esperando que me ofrezcas una bota de postre, aunque sea en la cara.

Sí, es posible que esté preparada para recibirla, es muy probable que intente acotar la huida por île Sant Louis porque temo escuchar los disparos, que me llames dégueulasse y yo sólo sepa en el fondo del corazón qué significa esa palabra, como si te mirases en un espejo para decírmelo y fuese tan necesario que todo no acabase así porque hemos tenido la suerte de encontrarnos.

Vivo en el Barrio Chino

by Rebeca Yanke

Por alguna razón que desconozco la fruta la compro en la tienda de la señora de Ecuador. La señora me cuenta que su hijo mayor se ha separado, que la mujer de él le pone demasiado pronto problemas para ver al niño. La señora me dice: “Volví a ver al hombre con el que me veía, pero que no me gusta, ésas no son maneras”. Me suele cobrar lo que compro uno de sus tres hijos, no tiene más de quince años, seguro. Le gusta escuchar salsa, o algo parecido. Incluso baila. A veces yo le digo: “Quiero un aguacate, uno que me pueda comer ahora mismo”. Y él lo elige por mí. Otras veces me regala dos tomates, dice que va bien hacerse una ensalada con ellos, así con el aguacate. También anda por ahí un señor que es bizco. No sé si es hermano, tío o recogido. Recuerdo que en Nochevieja tenían una fiesta en la tienda. Supongo que todo es más caro ahí que en cualquier otro lugar, pero es la que tengo cerca. Aún más cerca está la tienda de la alta señorita china con acento inmaculado. Habla español. Hoy le vi leyendo prensa china. Me permití el lujo de tocar el papel de ese periódico. Creo que quería saber si por alguna razón era distinto al que conozco. Me dijo que había alcanzado la asombrosa suma de 100 euros en su tienda. 100 euros en ocho meses, y me regaló una botella de aceite de oliva. Eso me tocó. Y luego pasé por el restaurante coreano. Porque quería comer fideos. Porque a las seis de la tarde ahí no hay nadie. Sólo la señora menuda y sonriente con su camiseta amarilla y su mandil verde. Y su sonrisa y su silencio. Hoy veía gimnasia rítmica. Por primera vez me dijo algo por propia iniciativa, fue: “Ella es coreana. La gimnasta”. Era una chica guapísima y, al parecer, según esa magnífica voz que siempre acompaña las retransmisiones de gimnasia y patinaje en este país, era la mejor. Yo también me siento mejor después de haber visitado otros mundos durante un rato.

Week Alternative Media SL @ 2007 all rights reserved | contact: info@bcnweek.com | Links